Identidad y Espiritualidad
CPFA
La identidad y la Espiritualidad
de las personas con el movimiento Fe y Alegría CPFA pasa por una sentir de cada una, la cual es atraída por los principios y valores que el espíritu de la
obra logra trasmitir a quienes hacen vida o entran en contacto con esta
institución.
La identidad por
tanto se traduce en lo que es cada
persona, en lo que la hace ser y hacer en su vida diaria, no sólo como mera
vivencia, sino como vivencia o experiencia espiritual que impregna y trasciendo
la mera realidad del mundo. Por lo cual la identidad con los principios
fundacionales del movimiento Fe y Alegría, en una persona que logra vivirlos,
hacen que estas se sobreponga a las propias limitaciones de las debilidades humanas
y de la misma institución.
La identidad y la experiencia
espiritual en el CPFA desde el espíritu fundacional, caminan hacia una acción personalmente vivida,
experimentada, sentida, padecida o encarnada, es algo que mueve o detiene, que
va mas allá de las propias limitaciones humanas para impregnar de saber la
propia realidad de la persona y el mundo.
Es una experiencia
que genera un saber, más allá del conocimiento teórico, científico
o intelectual de las cosas, es “un
conocimiento vivo y práctico” como lo menciona, Cabestrero T. Es un saber que se integra a las personas como
elemento vital de comprensión de su propia realidad, de lo que hace y piensa.
El conocimiento teorético o por información oral o textual no trasmite en si,
la experiencia directa del conocimiento vivencial que da sabor, saber y sentido
a quien lo experimenta.
El sabor del café o
del limón se da sólo en el acto mismo de experimentar estos sabores y saberes, no se sabrán nunca de forma conceptual o por mera oralidad. Desde este punto de vista,
la identidad y la espiritualidad se da
en el acto mismo que va dejando su sabor y su saber mostrándose como sabiduría.
La espiritualitas
no es un concepto, es una vivencia experimentada que se siente o padece y que
se da en cada individuo según su propia disposición ante la realidad. Es necesario acotar que hay diferentes experiencias de vida, pero sólo la experiencia espiritual es la
que impregna toda la realidad del ser humano y sus demás experiencias. Las experiencias particulares se centran en su
espacio, ya sea el arte, la ciencia
entre otras, mientras que la experiencia espiritual trasciende y alcanza la armonía
con el todo del mundo y las personas. La experiencia espiritual genera procesos y marcas que se interrelacionan. Es una experiencia consciente que genera
conciencia de los hechos y del todo de la realidad de manera integradora y
armónica.
Es una
espiritualidad que se experimenta a través
de la corporalidad pero que trasciende la
corporalidad misma enriqueciéndola. La experiencia espiritual potencia la vida, la mejora, la entiende y
comprende en toda su temporalidad y espacialidad, no se reduce a una experiencia
o momento dado, ella inunda el ser en su plenitud.
Desde
este punto de vista la identidad en el CPFA se configura desde la
espiritualidad del fundador y de su propia experiencia vivida en el hecho
educativo como acción del espíritu. Acción para la vivencia encarnada de los valores que dan sentido y que potencian
la humanidad y su armonía con el ambiente.
La
espiritualidad e identidad en Fe y Alegría se nutren de las experiencias
sentidas y vividas por el fundador y de
quienes siguieron su obra, desde las manifestaciones más genuinas de los
actos que siguen mostrando o demostrando el sentido de la espiritualidad humana
presente en este movimiento. Pues el espíritu se mueve y manifiesta en cada
persona según él quiera y las personas lo vivencien y lo conciencien.
Es
una espiritualidad que engrandece al ser y la vida misma, que aprende y enseña,
que libera, que abre caminos y busca la armonía y el saber para el desarrollo
humano en todas sus dimensiones y
potencialidad. Es la espiritualidad que se funda en la Fe en la realidad humana
y que trasciende su propia finitud para encontrarse con los otros y construir
desde la experiencia el propio camino. Es una espiritualidad que trasciende la
propia racionalidad humana y se abre a una racionalidad espiritual, múltiple e integradora, que reconoce la diversidad de las
manifestaciones y sentires de la humanidad, conjugándolas en su sentido armónico
y espiritual.
